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MUNDO

La primera delegación del Gobierno estadounidense llega a Ucrania

Los jefes de la diplomacia y la defensa de Estados Unidos iniciaron este domingo en Kiev su primera visita desde que Rusia invadió Ucrania. Los secretarios de Estado, Antony Blinken, y Defensa, Lloyd Austin, llegaron a la capital ucraniana justo cuando se cumplen dos meses de la ofensiva rusa en Ucrania y en medio del fin de semana de la pascua ortodoxa.
El consejero presidencial ucraniano Oleksiy Arestovych dijo que el mandatario Volodímir Zelenski se reunió el domingo con los dos altos cargos estadounidenses, en momentos que Ucrania busca socorrer a miles de personas atrapadas en el puerto sureño de Mariúpol, a punto de caer en manos rusas.
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Estados Unidos es una importante fuente de apoyo financiero y bélico para Ucrania e impuso duras sanciones contra Rusia, pero no había enviado altos funcionarios a Kiev como hicieron varios líderes europeos.
De su lado, el papa Francisco renovó este domingo ante miles de fieles en la plaza San Pedro su llamado a una tregua con motivo de la Pascua ortodoxa. Por su parte, el presidente Zelenski dijo: “Nuestras almas están llenas de un odio feroz hacia los invasores y todo lo que han hecho. No dejemos que la rabia nos destruya por dentro”.
En el terreno, las fuerzas rusas no dan señal de reducir sus ataques tras un lanzamiento de misil en la ciudad sureña de Odesa, que según Ucrania dejó ocho muertos, incluido un bebé. En tanto que cinco civiles murieron y uno resultó herido en Donetsk, dijo el gobernador de la región oriental, Pavlo Kirilenko.
Este domingo, el gobierno ucraniano invitó a Rusia a negociar cerca del complejo industrial de Azovstal de ese puerto estratégico del sur, donde hay atrincherados combatientes y civiles ucranianos. “Hemos invitado a los rusos a llevar a cabo una sesión especial de diálogos justo al lado de la planta de Azovstal”, declaró Oleksiy Arestovich e indicó que “esperaba la respuesta” rusa.
El presidente ruso Vladimir Putin ordenó a sus fuerzas no asaltar la planta, pero los ucranianos aseguran que el complejo es objeto de incesantes ataques.
La ONU, por su parte, pidió una tregua “inmediata” en Mariúpol para permitir la evacuación de unos 100.000 civiles atrapados en esa ciudad controlada casi en su totalidad por el ejército ruso, según un comunicado de su coordinador en Ucrania. “Necesitamos una pausa en los combates ahora mismo para salvar vidas. Cuanto más esperemos, más vidas estarán amenazadas. Se les debe permitir evacuar ahora, hoy mismo. Mañana será demasiado tarde”, dijo Amin Awad.
Por su lado, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) dijo estar “extremadamente preocupada” por la detención de varios miembros de su misión en territorios separatistas prorrusos del este de Ucrania, y pidió su inmediata liberación. Varios empleados ucranianos que se quedaron en el país fueron “privados de su libertad”, denunció la OSCE en Twitter.
Más de cinco millones de ucranianos abandonaron el país, donde también hay millones de desplazados internos, según las autoridades. Más de 2.400 civiles habrían muerto como consecuencia de la guerra, según datos de la ONU, que, de acuerdo con las autoridades locales, realmente son mucho mayores.
Aunque los combates se extendían por casi todo el país, muchos desafiaron las bombas para recibir la tradicional bendición en la Pascua ortodoxa, que los ucranianos celebraban este domingo. En el frente de batalla de la ciudad oriental de Limán, los soldados cambiaron el habitual saludo patriótico de “¡Gloria a Ucrania!” por “¡Cristo ha resucitado!”.
Unos cincuenta civiles se dieron cita en la pequeña iglesia ortodoxa de la localidad, con los disparos de artillería resonando de fondo. “Si tomamos decisiones equivocadas, la oscuridad nos destruirá, como la oscuridad nos está destruyendo durante esta guerra”, dijo el sacerdote en su sermón.
Y mientras muchos ucranianos huyeron del conflicto, otros se quedaron, ya sea por cuestiones de arraigo, por ser demasiado viejos o estar demasiado enfermos para viajar o, simplemente, por que no tuvieron otra opción.
“Debo trabajar”, declaró el agricultor Vasili Kushch, de 63 años, en el pueblo de Mala Tokmashka, en el sur de Ucrania, parado cerca de un montón de escombros dejados por una bomba. “No tengo adonde ir”, añadió.
Su aldea, no muy lejos de la línea invisible que separa a las fuerzas prorrusas de las ucranianas, se despierta cada noche con los cohetes cruzando el cielo.
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